Persona y Comunidad: una propuesta desde Alasdair.

María Agustina Juri

Resumen


JUAN MARTÍN FERNÁNDEZ. Persona y Comunidad: una propuesta desde Alasdair- MacIntyre. Buenos Aires - Argentina, Ed. Logos, 2017.

 

 Por María Agustina Juri 

 

El libro que reseñamos es el primero publicado en la Argentina acerca del pensamiento de Alasdair MacIntyre y uno de los pioneros en el espacio hispanoamericano. La temática central de la obra se afirma en la consideración de dos nociones capitales, tal como lo anticipa el título: Persona y Comunidad. Tales nociones son vistas, desde la mirada contemporánea del autor, a la luz de los desarrollos del escocés.

Este estudio se muestra como una introducción al pensamiento macinteryano para espe- cialistas interesados en Filosofía, Ética, Política, Antropología, Educación, Derecho, etc. Se trata de una obra breve cuyo objetivo principal es contrarrestar la noción individualista y materialista del ser humano, que ha impregnado los estudios de la Filosofía Política y la Sociología los últimos años. Frente a este estado de cosas, el autor propone una mirada de la persona como miembro esencial de una comunidad en la que el individuo podrá alcanzar su fin último: la felicidad.

Esta perspectiva: la conjunción de temas tan capitales y permanentes como el de persona y el de comunidad, que incluyen la dimensión personalísima del hombre y su naturaleza social, es asumida por el autor gracias a AlasdairMacIntyre, un pensador de la per- sona y las comunidades, protagonista del reverdecimiento de la Ética de las Virtudes en la edad contemporánea, en obras tales como Tras la virtud (1981) y Animales racionales y dependientes (1999).

Una nota que hace aún más interesante este libro es que el autor ha experimentado él mismo la participación en diversas comunidades y ha podido observar cómo este modo de vida hace posible el florecimiento del individuo y la consecución del bien común.

La obra que nos ocupa consta de 5 capítulos: en el primero, Juan Martín Fernández hace una presentación de la figura de MacIntyre, de su itinerario intelectual que va cam- biando junto con sus opciones personales. Alasdair MacIntyre (Glasgow, 1929) se afilia, en sus años de juventud, al Partido Comunista y se une al movimiento de la New Left británica para luego decepcionarse de ella y volcarse hacia los estudios de Filosofía Analítica. El leitmotiv de su vida fue siempre la lucha contra el Liberalismo y cae en la cuenta de que, tanto para el Marxismo como para el Liberalismo, “la moralidad es una construcción separada de la historia de cada sociedad y como consecuencia inevitable propician el utilitarismo y el relativismo moral” (Persona y comunidad, p. 15). MacIntyre descubre que esta escisión entre filosofía moral y realidad se da por exceso de influencia de conceptos modernos y que la única crítica posible es desde una formulación que esté fuera de la modernidad. De este modo, comienza a buscar fundamentos en la tradición clásica, la única capaz de hacer frente a las concepciones moderna y posmoderna de la moral. Es en Tras la virtud donde MacIntyre muestra su giro radical hacia el aristotelismo, un libro en el que realiza un aporte significativo a la teoría de las comunidades y hace especial hincapié en el contexto histórico y social de las acciones humanas, y la importancia de estos factores en el estudio de la filosofía moral. Las comunida- des locales son entidades intermedias entre el Estado y la familia, que posibilitan la promoción y la práctica de las virtudes de los miembros que las componen. De este modo, lo que se busca mediante la vida en comunidad es la consecución del bien co- mún, en contraposición a una noción individualista de la persona. El autor continúa haciendo una revisión de las obras publicadas en los últimos años por MacIntyre y esboza algunos elementos fundamentales de su antropología delineada en  Animales racionales y dependientes, tales como la naturaleza social, las virtudes de la dependencia, la identidad y la pertenencia a una tradición. Finalmente, Juan Martín Fernández cierra el primer capítulo al explicar las particularidades del comunitarismo sui generis postulado  por el escocés, que propone una filosofía política al margen del Estado y del mercado, producto del racionalismo moderno que invaden la realidad con la burocracia y los cri- terios de eficacia y de costo-beneficio.

A continuación, en el capítulo 2, el autor indica las herramientas conceptuales a tener en cuenta para comprender la propuesta de desarrollo personal y comunitario de MacIntyre. Allí hace mención a una perspectiva esencial: la teorización de la Ética debe ir acompañada de la Historia y la Sociología para evitar abstracciones alejadas de la reali- dad de las acciones humanas, al considerar primero la observación de la praxis antes  que la argumentación teórica. Esta apelación a la historia concreta ayuda al hombre a lograr una unidad de vida, a descubrir su identidad a través de la narración de su histo- ria. Además, el autor hace alusión a la importancia que tiene el lenguaje como condicionante en la praxis y en la teorización acerca de esta. “De esta manera, historia y lenguaje colaboran con la filosofía para la determinación de un significado dirigido hacia un progreso continuo por la búsqueda de la verdad, pues si la filosofía se estudia de mane- ra aislada de la historia y del contexto lingüístico entonces la verdad pasa a ser el resul- tado de una mera construcción racional” (Persona y comunidad, p. 28).

Por otro lado, el autor observa que MacIntyre asume el pensamiento aristotélico al entender la dimensión política del hombre en su sentido social y al afirmar una correspondencia total entre Ética y Política. Esta relación, afirma el escocés, no es reconocida en las universidades actuales, ya que la ética se estudia en la facultad de filosofía y la polí- tica en la facultad de ciencias políticas, sin tocarse siquiera. Otro concepto fundamental en MacIntyre que destaca el autor es el de tradición de investigación, que el escocés define en Justicia y racionalidad (1988) como “un argumento distendido en el tiempo, en el que ciertos acuerdos fundamentales se definen y se redefinen en términos de dos tipos de conflicto: aquellos con críticos y enemigos externos a la tradición (...) y aquellos internos debates interpretativos, a través de los cuales el sentido y la razón de los acuer- dos fundamentales vienen a expresarse, y a través de cuyo proceso se define una tradición”. La tradición en la que se inscribe es la aristotélico-tomista, ya que esta tiene una clara noción telética: el bien que es la causa final por la que se define este pensamiento. Por último, el autor hace alusión al carácter narrativista de la filosofía macinteryana que se fundamenta en la definición del hombre como un animal que cuenta historias, que forma parte de una historia y, por lo tanto, sus acciones también suceden en este contexto. De esta manera, el narrativismo consiste en narrar la teorización acerca de estas acciones con forma de historia; esto es, realizar una historia de la ética teniendo en cuenta el contexto social y el diálogo que mantiene cierto pensador con su tradición y con sus contemporáneos. Asimismo, el autor aclara que los fundamentos epistemológicos de esta teoría son los primeros principios esgrimidos por la tradición clásica.

En el capítulo tercero, habiendo ya sentado los fundamentos teóricos en las secciones anteriores, el autor prosigue exponiendo una propuesta de desarrollo personal y comunitario. Como ya lo ha indicado repetidas veces, es necesario que el pleno desarrollo personal esté enmarcado en el ámbito comunitario y esta plenitud consiste en el desarro- llo del ser humano tal como podría ser si realizara su naturaleza esencial. Así, la perfección puede lograrse únicamente mediante la práctica de virtudes intelectuales y morales. A lo largo del capítulo, el autor describe tres dimensiones principales de la persona a las que se debe atender para lograr un desarrollo pleno, individual y comunitario. En primer lugar, se debe atender al concepto del ‘yo’ que se constituye narrativamente de dos formas fundamentales: en primer término, el individuo se identifica a sí mismo al narrar la historia de sus acciones y, en segundo término, puede ser identificado por los demás como perteneciente a diversos grupos sociales. El yo narrativo, al poder ordenar inteligiblemente el relato de sus acciones, se hace responsable de ellas y puede pedir cuenta de las acciones de los demás. Existe una unidad narrativa de la vida de la persona y de  la comunidad, y esta unidad de relato tiene una finalidad: un telos en el que se funda- menta su unidad de sentido: la búsqueda de la verdad y del bien. En segundo lugar, se hace referencia al tema de la vulnerabilidad humana, somos seres necesitados del cuidado de los demás, sea en la infancia, en la enfermedad, en la vejez, en la discapacidad, etc. Pero en el ser humano, advierte el autor, se da una tensión entre la vulnerabilidad y la dependencia de los demás por un lado y, por otro, la independencia como razonadores prácticos. Podemos alcanzar nuestra racionalidad práctica propia mediante el ejercicio de las virtudes, fruto de la educación, para aumentar progresivamente nuestra comprensión de lo que contribuye al florecimiento propio y al de la comunidad que nos rodea. El razonador práctico e independiente es capaz de elegir y ejercer el bien sin coerción externa. La formación del criterio del razonador práctico se logra mediante la experiencia en relaciones sociales, los conocimientos heredados, los juicios ajenos y el autoconocimiento. Si bien se logra con una cuota de esfuerzo personal, lo más fundamental es contar con la ayuda de los demás en la etapa de formación de mayor importancia para la persona: la niñez y la adolescencia, de allí que MacIntyre considere sumamente significativo el rol de los adultos para formar razonadores prácticos e independientes. En este sentido, los mayores deben guiar al niño para que sea capaz de discernir meros deseos de buenas razones para actuar, para que elija libremente actuar  de manera virtuosa. La educación en las virtudes, entonces, imprimirá hábitos en la per- sona que la mantendrán alejada de vicios y defectos de carácter. La eficacia del razonador práctico, en términos macinteryanos, se traducirá en el servicio a los demás, sobre todo hacia las personas vulnerables y necesitadas de cuidado. Luego, Juan Martín Fernández enfoca su atención en la dimensión comunitaria del desarrollo humano, ya que  la vida en comunidad es conditio sine qua non para alcanzar el telos de la vida humana.

En la comunidad política (vida de la polis) nacen, se heredan y se perfeccionan diversas prácticas sociales que ayudan a cada integrante a alcanzar la plenitud, y resulta imposi- ble vivir desconectado absolutamente de ella.

El cuarto y último capítulo, el autor lo dedica a la Ética de las virtudes y a la Política de las comunidades locales. En cuanto al primer tópico, realiza una explicación del núcleo conceptual de la virtud en MacIntyre y comienza desarrollando el concepto de práctica, actividad social y comunitaria para lograr modelos de excelencia y alcanzar bienes in- ternos y externos a ella. Las acciones en las que estamos involucrados cotidianamente son las prácticas y estas deben implicar las virtudes para lograr la búsqueda de la vida buena. Las virtudes, por otra parte, ayudan a resolver posibles crisis de una tradición ante el peligro de perderse o pervertirse. Además, el autor recalca la importancia de la práctica de las virtudes para realizar juicios acertados, “no se puede ser racional en lo práctico sin ser virtuoso, ni tampoco se puede ser virtuoso sin ser racional en lo prácti- co” (Persona y comunidad, p. 68). Por lo tanto, la fuente del conocimiento moral son  las acciones morales, de ahí la necesidad de este aprendizaje para que sea posible una investigación sistemática y formal de la moral. A continuación, el autor enumera las virtudes denominadas ‘de la dependencia’ como los hábitos capaces de enfrentar las debilidades humanas, tales como: la misericordia, la justa generosidad, la amistad y la veracidad. Por otro lado, en lo que concierne a la propuesta política macinteryana, Juan Martín Fernández asume la noción de comunidades locales, como cuerpos intermedios entre el Estado y la familia, tales como escuelas, hospitales, universidades, clubes, di- versas ONG, etc, en contraste con el Estado liberal actual, que considera al individuo como un ente que produce, de una manera individualista, abstracta de toda historicidad  e identidad, que autodetermina su propio bien. El concepto comunitario viene a contrarrestar esta noción deficiente de la persona, para proponer una solución a la decadencia contemporánea. También la comunidad es relacionada en este capítulo con la noción de Tradición, al entender por ella narraciones de argumentos en conflicto que continúan hacia el futuro. La tradición de una comunidad es la herencia en la que se transmiten  una serie de usos y costumbres, fundamentados en la racionalidad que le es propia, y de la que no se puede escapar por más que uno quiera. Lo aceptemos o no, siempre forma- mos parte de una tradición que se materializa en el contexto social, histórico y lingüístico en el que se desarrolla la vida humana. El autor menciona el concepto de bien común, en consonancia con el pensamiento clásico, no como la sumatoria de los bienes individuales, sino como un todo del que todos los miembros de la comunidad se sienten parte. Finalmente, el autor afirma la superioridad de la ética como ciencia rectora de la política y la necesidad del reconocimiento de la relación entre ambas.

Consideramos que esta breve obra resulta un aporte inicial y de divulgación del pensa- miento de MacIntyre, en relación con la realidad actual, y que es un buen intento de acercar los desarrollos teóricos de la Filosofía a los estudios de Ciencia Política, que tan alejados están en la actualidad. Esperamos que sea la primera de muchos aportes en el campo de la Ética para la difusión de la Filosofía del escocés en el espacio hispanoparlante.

 

DOI: http://dx.doi.org/10.22529/sp.2019.48.06


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Reseña; Persona; Comunidad

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DOI: 10.22529/sp
ISSN: 1669-7405 (versión impresa)
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