Virginidad: preámbulo del cielo

Enrique E. Fabbri

Resumen


El estado de virginidad pide varones y mujeres plenamente realizados en su realidad humana. Es decir, si el matrimonio pide seres psíquicamente equilibrados, más lo exige el estado virginal, por ser un estado trascendente y como bien dice el adagio: la corrupción de lo mejor es pésima. De ahí que es un requisito fundamental la rica selección de los candidatos para ese estado, porque se requiere para seguirlo bien una psicología suficientemente madura. Los que se sienten llamados a tal estado han de saber bien qué es lo que eligen.

La virginidad, normalmente consagrada por un voto hecho a Dios, consiste en renunciar a toda acción erótico-genital, no porque sea en sí algo repugnante, sino porque se ve en esa actitud una ofrenda que se quiere hacer por la gloria de Dios, una mayor entrega al servicio divino y un don total de amor a la realidad divina. Se simboliza así en esta tierra, bajo la tensión de la fe, la confianza de la esperanza y la generosidad del amor, la plenitud de vida propia de la "ciudad celestial".


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ISSN: 0049-2353

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